La financiación al consumo sin riba designa las fórmulas que permiten a un particular adquirir bienes de uso corriente, como muebles o electrónica, pagando a plazos un precio fijado de antemano, en lugar de devolver dinero prestado con intereses añadidos.
Qué cambia en una compra financiada del día a día
Con un crédito convencional, el banco presta 1.500 euros para un frigorífico y cobra un tipo sobre el saldo pendiente. En la versión islámica, la entidad vende ella misma el frigorífico: el cliente debe un precio, no dinero prestado, y ese precio ya no varía.
Tienda, banco y cliente: tres papeles distintos
El cliente elige el artículo en un comercio, el banco lo compra a su nombre y se lo revende con un margen. En algunos países la propia tienda vende a plazos por encima del precio al contado, lo que los juristas admiten si se fija en la venta.
Un ejemplo numérico con un portátil
Un ordenador portátil cuesta 1.200 euros al contado. El banco lo revende por 1.308 euros pagaderos en doce cuotas mensuales de 109 euros. Los 108 euros de diferencia son su beneficio comercial; un retraso o un plazo más largo no pueden aumentar ese total.
Por qué un bien ya entregado no puede refinanciarse
Si el cliente ya compró y pagó el televisor, el banco ya no puede vendérselo, pues solo puede vender lo que posee. Financiar a posteriori una compra existente equivaldría a adelantar dinero a cambio de un excedente, es decir, a un préstamo con interés.
Tarjetas de pago y pago fraccionado conformes
Las tarjetas de crédito islámicas, ofrecidas sobre todo en el Golfo y Malasia, se basan según el banco en una cuota anual fija, una Ujrah, o en un Tawarruq. Pagar en tres o cuatro plazos sin coste no plantea problemas, siempre que el precio total sea el mismo.
Compra ahora y paga después: cuidado con los recargos
Algunos servicios de pago aplazado son gratuitos mientras se paga a tiempo, pero cobran comisiones por retraso. Varios comités de Sharia consideran problemáticas esas comisiones si benefician al proveedor más allá del coste real de recobro, por lo que conviene leer las condiciones.
Las tarjetas de cuota fija y sus límites
Una tarjeta de cuota fija cobra por el servicio y no por el saldo impagado, pero si la cuota sube con el límite de crédito empieza a parecer un interés encubierto. Autoridades como el banco central de Malasia han regulado estas estructuras para limitar ese efecto.
Domiciliación de la nómina en los países del Golfo
En varios países del Golfo, la financiación personal suele concederse a cambio de domiciliar el salario en el banco, que cobra directamente las cuotas. Este mecanismo reduce el riesgo de la entidad, pero deja al deudor menos margen cuando atraviesa dificultades.
Financiar un viaje, una boda o gastos médicos
Estas necesidades no recaen sobre un bien que pueda comprarse y revenderse. Los bancos recurren entonces a la Ijara de servicios, comprando por ejemplo el paquete de viaje y revendiéndolo, o al Tawarruq, que proporciona efectivo pero sigue siendo discutido por muchos sabios.
Efectivo personal mediante Tawarruq: lo que conviene saber
Para un préstamo personal sin finalidad concreta, el banco vende al cliente a plazo un lote de metal o aceite de palma y lo revende por él al contado. El cliente recibe 5.000 euros y debe, por ejemplo, 5.400: económicamente casi un crédito, jurídicamente una venta.
Cancelación anticipada y el descuento llamado Ibra
Como el precio es fijo, un reembolso anticipado no reduce automáticamente la deuda. Muchos bancos conceden aun así un descuento sobre el margen no devengado, llamado Ibra; en algunos países, como Malasia, el supervisor exige que figure en el contrato.
Endeudarse para consumir: la moderación que aconseja la Sharia
La tradición islámica desaconseja la deuda para gastos no necesarios y valora el ahorro previo. Antes de firmar, compare el precio total con el precio al contado, compruebe que la cuota sigue siendo asumible y pida la opinión del comité de Sharia sobre el producto.
Fuente externa especializada
El Banco de Inglaterra expone los principios de las finanzas islámicas, entre ellos la prohibición del interés y el uso de contratos ligados a bienes reales, útiles para entender estas ofertas minoristas.
