El llamado préstamo islámico sin intereses es en realidad un conjunto de financiaciones conformes a la sharía, como la Murabaha, la Ijara, la Musharaka o el Qard Hassan, en las que el financiador gana mediante una venta, un alquiler o un reparto de resultados, nunca mediante intereses.
Por qué sin intereses no significa gratis
Salvo el Qard Hassan, ninguna de estas financiaciones se regala: el banco debe cubrir su coste de financiación, sus gastos de gestión y su riesgo. La diferencia está en la forma de la ganancia, que procede de un bien vendido, alquilado o compartido, no de dinero prestado.
¿De dónde obtiene sus ingresos un banco islámico?
En una venta a plazos cobra un margen añadido al precio de compra; en un arrendamiento, una renta; en una sociedad, una parte de los beneficios. Cada uno de estos ingresos exige que el banco haya poseído un activo y asumido los riesgos ligados a esa propiedad.
Un margen fijado al firmar
Si un coche se compra por 20.000 euros y se revende por 23.000 euros pagaderos en 48 meses, la deuda total sigue siendo de 23.000 euros aunque el cliente pague con retraso. Un crédito convencional, en cambio, genera intereses adicionales por cada mes de demora.
Comparar el coste con la TAE de un crédito clásico
En varios países la entidad debe indicar una tasa anual equivalente para facilitar la comparación. Esa cifra es solo una herramienta de medida: puede acercarse a la de un préstamo convencional o incluso superarla, porque estas estructuras suelen implicar gastos de adquisición o de registro.
Comprar un coche o un equipo mediante Murabaha
El cliente elige el bien, el banco lo adquiere al vendedor y se lo revende con un margen declarado. El pago se reparte en cuotas fijas. El banco debe ser propietario antes de la reventa, aunque sea brevemente, o la operación se convierte en un préstamo encubierto.
Alquilar un bien con opción a quedárselo
Con la Ijara, el banco compra la vivienda o el vehículo y lo alquila al cliente durante un plazo definido. Las rentas pueden revisarse en fechas pactadas. Al final del contrato, una promesa separada permite transferir la propiedad mediante venta o donación.
Recomprar poco a poco la parte del banco en la vivienda
La Musharaka decreciente convierte al cliente y al banco en copropietarios de la vivienda, por ejemplo al 20 % y al 80 %. Cada mes el cliente paga un alquiler por la parte del banco y recompra una fracción, hasta poseer el inmueble completo.
El Qard Hassan, único préstamo realmente gratuito
Este préstamo benéfico solo obliga a devolver la cantidad recibida. Lo ofrecen sobre todo asociaciones, fondos de zakat, empleadores o algunos bancos para importes pequeños. Las comisiones cobradas solo pueden cubrir el coste administrativo efectivamente soportado.
¿Qué fórmula elegir según la necesidad?
Una compra puntual de equipamiento encaja con la Murabaha, una vivienda con la Ijara o la Musharaka decreciente, y una necesidad pequeña y urgente con el Qard Hassan. La oferta depende del país: muchos mercados europeos solo ofrecen parte de estas soluciones.
Conseguir liquidez sin comprar ningún bien
Cuando se necesita dinero en efectivo y no un objeto concreto, los bancos recurren a menudo al Tawarruq: se compra una mercancía a plazos y se revende de inmediato al contado. Muchos juristas y la Academia Internacional de Fiqh critican la versión organizada por el banco.
¿Crece la deuda si se impaga una cuota?
No, el importe adeudado no puede aumentar. El contrato puede prever que un cliente solvente que se retrasa entregue una cantidad destinada a fines benéficos, y el banco puede reclamar sus costes reales de cobro, pero no se queda ninguna ganancia por el retraso.
Lo que exigen las normas del IFSB a las entidades
El IFSB, con sede en Kuala Lumpur, publica normas prudenciales y principios de conducta dirigidos a los supervisores. Insisten en informar con claridad al cliente sobre precio, comisiones y riesgos, así como en una gobernanza sharía independiente.
Fuente externa especializada
Las normas del IFSB recogen las reglas prudenciales, de gobierno sharía y de transparencia que los supervisores aplican a las entidades que ofrecen financiación islámica a particulares.
