Abrir una cuenta bancaria islámica consiste en contratar con una entidad autorizada una cuenta cuyo contrato subyacente, préstamo gratuito, custodia o reparto de beneficios, excluye todo interés y cuyo uso de los fondos supervisa un comité de sharía.
¿Qué cuenta conviene según el uso previsto del dinero?
La elección depende de la necesidad. Para cobrar la nómina y pagar con tarjeta basta una cuenta corriente. Para ahorrar con expectativa de ganancia encaja una cuenta de ahorro participativa. Para inmovilizar una suma varios meses, mejor un depósito a plazo.
La cuenta corriente basada en un préstamo no remunerado
Jurídicamente, el cliente presta su dinero al banco como qard: la entidad puede usarlo, pero debe devolver todo el principal cuando se le pida. No puede prometerse ninguna ganancia a cambio, pues el préstamo se volvería usurario y, por tanto, prohibido.
Ahorro en mudaraba: un rendimiento nunca fijado de antemano
En la cuenta de ahorro participativa el cliente aporta el capital y el banco lo hace rendir. Solo se pacta por adelantado el reparto del beneficio, por ejemplo setenta por ciento para el ahorrador. La tasa mostrada es orientativa y una pérdida sigue siendo posible.
Depósitos a plazo vinculados a una operación real
Para un plazo fijo, muchas entidades recurren a un mandato de inversión o a una venta de mercancías con margen. El dinero queda comprometido en una transacción concreta, por lo que retirarlo antes del vencimiento puede reducir o anular el beneficio esperado.
Documentación solicitada al presentar la solicitud
Se pide lo mismo que en cualquier banco: documento de identidad vigente, justificante de domicilio reciente, autocertificación de residencia fiscal y a veces nóminas. Una empresa añade estatutos, certificado registral y la identidad de sus titulares reales antes de la apertura.
Por qué el banco pregunta por el origen del dinero
Las preguntas sobre la procedencia de los fondos no son un examen religioso del cliente. Responden a las obligaciones legales contra el blanqueo de capitales, que se aplican a los bancos islámicos exactamente igual que a los convencionales, con idénticos controles.
Alta por internet o cita en una sucursal
Según el país, la identificación se hace por videollamada y firma electrónica, o exige acudir a la ventanilla. La vía digital es más rápida, pero a veces limita la oferta a productos estándar, sin cuentas conjuntas ni cuentas de empresa.
No residentes y expatriados ante los requisitos de apertura
Abrir una cuenta en otro país suele requerir domicilio local, un depósito inicial mínimo o una presentación. Conviene prever también las comisiones por transferencias internacionales, el riesgo de cambio y la obligación fiscal de declarar cuentas en el extranjero.
Lo que deben precisar las condiciones generales
Antes de firmar hay que localizar el contrato indicado para cada cuenta, quién soporta una posible pérdida, cómo se calcula el beneficio y el folleto de tarifas. Si el documento es impreciso en estos puntos, conviene plantear preguntas por escrito.
Comisiones de mantenimiento, descubiertos y recargos por demora
El banco puede cobrar sus servicios, porque una comisión retribuye un trabajo y no el paso del tiempo. En cambio, un descubierto de pago calculado por días queda excluido. Los posibles recargos por demora se destinan en principio a obras benéficas.
¿Qué protección existe si la entidad quiebra?
La garantía de depósitos depende del derecho nacional. Las cuentas cuyo principal debe devolverse íntegro suelen estar cubiertas, mientras que las cuentas de inversión con reparto de pérdidas pueden quedar fuera. Es prudente pedir la respuesta por escrito.
El comité de sharía y los dictámenes que publica
Una entidad seria identifica a los expertos que supervisan sus productos, publica un informe anual de sharía e indica qué normas sigue, a menudo las de AAOIFI. La conformidad de cada cuenta corresponde a ese comité, no a una etiqueta comercial.
Fuente externa especializada
Las páginas del FMI sobre finanzas islámicas sitúan las cuentas de depósito islámicas en el marco de la regulación bancaria, la estabilidad financiera y la inclusión financiera.
