La financiación islámica de infraestructuras consiste en financiar la construcción y explotación de obras públicas o privadas, como carreteras, energía o agua, mediante contratos vinculados a esos activos reales, sobre todo Istisna, Ijara, Musharaka y sukuk, en lugar de préstamos con interés.
Una afinidad natural entre activos tangibles y sharía
Las finanzas islámicas exigen que la financiación descanse en un bien o actividad real. Un puente, una desaladora o una línea ferroviaria son justamente activos identificables, duraderos y generadores de ingresos, lo que facilita estructuras conformes a largo plazo.
Fase de obra: el Istisna como contrato de encargo
Durante la construcción, el financiador encarga la obra a la constructora mediante Istisna y paga según el avance. Especificaciones técnicas, precio y calendario quedan fijados en el contrato, lo que limita el gharar aunque el activo aún no exista.
Arrendar una obra antes de terminarla
La Ijara con entrega futura permite firmar el arrendamiento durante la obra. Las rentas, a menudo llamadas anticipadas, pueden empezar antes de la puesta en servicio, pero deben compensarse o devolverse si la obra no se entrega conforme.
Explotación: rentas fijas y variables
Cuando la infraestructura entra en funcionamiento, el operador paga una renta con una parte fija y otra variable ligada a una referencia de mercado. La indexación se admite siempre que el importe de cada periodo se conozca al inicio.
La sociedad del proyecto en Musharaka
El capital aportado por inversores islámicos puede adoptar la forma de una Musharaka en la sociedad del proyecto. Los beneficios de explotación se reparten según una proporción pactada, pero las pérdidas siguen estrictamente el capital comprometido por cada socio.
Sukuk de proyecto: titulizar la obra
Para captar grandes importes, la sociedad del proyecto o el Estado pueden emitir sukuk. Los tenedores poseen una parte del activo o de su usufructo y perciben las rentas, en lugar de un cupón de interés sobre una deuda.
¿Respaldados por el activo o solo basados en él?
En los sukuk respaldados por activos, los tenedores tienen un recurso real sobre la obra. En la forma más habitual, basada en activos, su protección depende sobre todo del compromiso de recompra del emisor. Conviene leer el folleto con atención.
Convivir con prestamistas convencionales
Los grandes proyectos combinan a menudo un tramo islámico y préstamos clásicos. Un acuerdo entre acreedores fija el rango de cada tramo, el reparto de garantías y los supuestos de incumplimiento, preservando la propiedad de los activos que exige la parte islámica.
¿Quién soporta el riesgo de construcción?
En el Istisna y la Ijara, el propietario soporta en principio los riesgos del activo. Las estructuras suelen trasladarlos a la constructora mediante un contrato paralelo o un mandato, pero una cláusula que garantice por completo el capital del financiador violaría la sharía.
Takaful y seguro de las obras
Las obras financiadas deben asegurarse contra daños. Cuando es posible, se prefiere el Takaful, basado en la mutualidad y la donación entre participantes. El coste del seguro puede repercutirse en la renta como carga del propietario.
Asociaciones público-privadas y concesiones
En una concesión, el Estado confía la construcción y la explotación a una sociedad privada que devuelve la obra al final. Estas asociaciones encajan bien con un Istisna seguido de una Ijara, y el Estado a veces paga cánones de disponibilidad en vez de peajes.
Lo que revisan autoridades e inversores
Antes de comprometer fondos, examine las normas de propiedad de los bienes públicos, la fiscalidad de cada transmisión, la solvencia del operador y el dictamen del consejo de sharía sobre cada contrato. Un banco multilateral como el Banco Islámico de Desarrollo suele participar.
Fuente externa especializada
El Banco de Inglaterra describe su relación con los bancos islámicos, incluida su facilidad de liquidez alternativa invertida en sukuk de alta calidad.
